¿Tu contenido de valor aburre?
La trampa de aportar sin arriesgar (y cómo pasar de experto que enseña a experto que piensa)
Hay una frase que se repite en todos los cursos de marketing de contenidos:
“Aporta valor.”
Parece inofensiva, hasta obvia. Pero es la razón por la que la mayoría del contenido de consultores y coaches es completamente olvidable.
La frase se ha interpretado como: dar información útil gratis. Responder preguntas. Enseñar cómo hacer cosas. Dar listas y pasos y consejos.
El problema es que ese tipo de contenido ya existe. En cantidades industriales. Sobre cualquier tema imaginable.
Si tu contenido responde “cómo hacer X”, estás compitiendo con los primeros diez resultados de Google, con cincuenta posts de LinkedIn sobre el mismo tema, con tres vídeos de YouTube que lo explican mejor, y ahora, con ChatGPT, que responde en tres segundos.
Tu contenido “de valor” no compite contra otros expertos.
Compite contra la abundancia infinita de información correcta y gratuita.
Y en esa competición, el contenido correcto pierde. Porque correcto es lo mismo que genérico. Y genérico es lo mismo que olvidable.
El error que casi nadie ve
El valor de tu contenido no está en la información que contiene.
Está en la perspectiva desde la que lo miras.
Dos personas pueden escribir sobre el mismo tema —cómo conseguir clientes como consultor— y producir resultados completamente distintos.
Una escribe: “5 estrategias para conseguir clientes como consultor.”
La otra escribe: “Por qué conseguir más clientes es lo último que deberías hacer ahora mismo.”
La primera da información. La segunda cambia cómo piensas sobre el problema.
La primera es útil. La segunda es memorable.
La diferencia no es el tema. Es el ángulo. Es la opinión.
Es el riesgo de decir algo que no todos van a aceptar.
Lo que realmente significa aportar
El valor no es dar respuestas.
El valor es cambiar preguntas.
Cuando alguien lee tu contenido y piensa “nunca lo había visto así”, eso es valor.
Piensa en los creadores de contenido que realmente recuerdas. Los que citas en conversaciones. Los que te han cambiado cómo ves algo.
No te enseñaron cómo hacer cosas. Te enseñaron cómo pensar sobre cosas.
No respondieron tus preguntas. Reformularon tus preguntas.
Por qué la mayoría no hace esto
Porque es más arriesgado.
Cuando enseñas “5 pasos para X”, nadie puede discutirte. Los pasos funcionan o no funcionan, pero no hay nada personal en juego.
Cuando dices “creo que la mayoría está equivocada sobre X”, te expones. Alguien puede decir que estás mal. Que no entiendes. Que eres arrogante.
El contenido educativo es seguro. El contenido de perspectiva es vulnerable.
La mayoría elige seguro.
El resultado: un océano de contenido correcto, útil, intercambiable. Contenido que se parece a todo lo demás porque no tiene autor reconocible.
Ese es el coste de no arriesgar: la invisibilidad.
Qué hace memorable un contenido
El contenido que la gente recuerda —y cita, y comparte— tiene tres características:
1- Tiene opinión. No describe. Afirma. No presenta opciones. Toma posición. “Hay muchas formas de hacer X” no es contenido. “La mayoría hace X mal. Aquí está por qué” sí lo es.
2- Contradice algo aceptado. Desafía una creencia que la audiencia tiene sin cuestionar. Todos creen que necesitas más visibilidad → tú dices que la visibilidad sin conversión es vanidad. Todos creen que hay que publicar todos los días → tú dices que publicar sin pensar destruye tu posicionamiento.
3- Viene de experiencia, no de investigación. Hay una diferencia entre contenido que sintetiza lo que otros dijeron y contenido que nace de haber vivido algo. El primero suena a enciclopedia. El segundo suena a conversación con alguien que estuvo ahí.
Detrás del paywall, cómo hacer esta transición:
Cómo pasar de experto que enseña a experto que piensa. Los tres principios que transforman contenido educativo en contenido de perspectiva.
Un ejemplo de transformación. Un post “de valor” convertido en contenido memorable, línea por línea.
Tres prompts para encontrar tu perspectiva única, transformar contenido genérico, y auditar si lo que escribes es memorable o intercambiable.
La información es commodity. La perspectiva es escasa. Si quieres que te recuerden, deja de enseñar lo que otros pueden buscar en Google.
Empieza a decir lo que solo tú puedes decir.




